La realidad del Boca-River

El pasado domingo 9 de diciembre, se celebró el segundo partido correspondiente a la final de la Copa Libertadores 2018 que enfrentaba a dos equipos argentinos históricamente enfrentados, deportiva y socialmente, como son River Plate y Boca Junior. 

La gran derrota del fútbol 

Todos somos conscientes de la gran crisis de violencia entre aficiones por la que está pasando el fútbol argentino y tristemente, esto salió a relucir el 25 de noviembre, cuando debió jugarse este segundo partido de la final en el estadio de River. El autobús de Boca fue apedreado llegando a impactar objetos en jugadores. Lo que debió ser una fiesta del fútbol, se volvió a convertir en un campo de batalla, en una excusa más para justificar la violencia.

Desde una visión europeísta, es decir, con nuestra forma de ver el deporte, es difícil lograr entender esta gran rivalidad que existe entre los aficionados de ambos clubes. Tal es así que, como ya sabemos todos, la federación argentina de fútbol se vio obligada a suspender en su momento el partido y buscar una nueva sede fuera de las fronteras del país.

Así fue como Millonarios y Xeneizes (apodo de los seguidores y jugadores de River y Boca respectivamente) se vieron embarcados en un avión rumbo a la capital de España para disputar ese segundo partido nada más y nada menos que en el Santiago Bernabéu. 

La gran final en el Estadio Santiago Bernabéu

En los días previos, Madrid y las autoridades se preparan para lo peor: el más que posible enfrentamiento de ambas aficiones, esta vez, en una ciudad (y un país) que no vive el fútbol de igual manera. En una ciudad que ya ha vivido numerosos enfrentamientos lamentables y que no quiere volver a pasar por lo mismo.

La policía recibe refuerzos de especialistas del país amigo, se refuerzan las unidades con compañeros de otros puntos de España y se prepara un dispositivo especial más grande que el del propio Real Madrid – FC Barcelona. Todos aseguraban lo peor, ambas aficiones se iban a volver a enfrentar y lo que buscaban las autoridades era que los daños fuesen mínimos.

La gran victoria del fútbol en Madrid

Horas antes del partido, todo estaba preparado. Llegan los equipos y todo transcurre con normalidad: las aficiones ingresan al estadio con total respeto y pensando en animar sólo a su equipo.

Comienza el partido y todo sigue igual, ¡se está viendo fútbol sin lamentar nada! y, tras el partido (en esta reflexión no cabe hablar del resultado deportivo) todo transcurre con el máximo respeto entre aficiones. Un equipo ganó en el terreno de juego, ambas aficiones ganaron disfrutando del momento histórico de jugar una gran final en el Santiago Bernabéu y, en definitiva, el FÚTBOL, con mayúsculas, consiguió una gran victoria.

La conclusión

Ante todo lo acontecido, se nos viene una reflexión: para que haya una total coordialidad entre aficiones y para que se disfrute el deporte como un espectáculo y una manera de compartir con más personas, es necesario un cambio de paradigma integral.

Es decir, no vale con concienciar a las aficiones de la necesidad de que todos se respeten, sino que desde los estamentos más altos deben fomentar este cambio en la sociedad. Este partido ha sido un gran ejemplo de cómo, en un lugar del mundo, las aficiones matan, literalmente, por su equipo y en otro, pueden convivir de forma ejemplar. Y todo esto, puede ser por lo que se decía anteriormente: la educación integral de la sociedad (desde los estamentos más altos hasta los aficionados de a pie) debe recibir y predicar el mismo mensaje: respeto y convivencia.

¡Que viva el deporte!