Formación y competición: ¿Incompatibles?

Hoy queremos dejaros esta noticia para reflexionar sobre dónde está el límite que separa la competición de la formación.

Todo aquello que se asocia a la formación integral o al trabajo de transmisión de valores suele llevar asociado el estigma de renegar de la competición, y no necesariamente debe ser así. La competición es una herramienta muy valiosa en la formación y la competitividad, un rasgo más que interesante a desarrollar en las personas. Pero este trabajo no puede servir como tapadera para justificar ciertos comportamientos que se producen frecuentemente en los campos.
Es habitual encontrarnos, sobre todo en el deporte base, resultados muy abultados de los que se pueden sacar muchas preguntas: ¿dónde termina la competición y comienza la formación? ¿Deben estar separados estos conceptos? ¿Somos realmente conscientes de qué estamos desarrollando en cada momento con nuestros deportistas?
En este asunto, como en todos, no hay una verdad absoluta pero si que sería interesante que nos planteásemos algunas preguntas y algunas realidades. En la noticia que os hemos compartido al inicio de este post, vemos como se ha tenido que llegar al extremo, por el comportamiento, cuanto menos cuestionable, de un entrenador. Pero no quisiéramos quedarnos en la crítica fácil y gratuita. Lo interesante de estas situaciones es que podamos sacar conclusiones y herramientas válidas para situaciones similares.
¿Qué alternativas tenemos cuando tengo una superioridad clara y manifiesta frente a mi rival? Querer superar a mi rival (y a mi mismo) forma parte de la competición o del propio deporte, es más, es una muestra de respeto y esfuerzo el mostrar nuestra mejor versión cuando competimos contra alguien ya sea, a priori, superior o inferior. No obstante, una vez que en el desarrollo de la actividad conseguimos una clara ventaja, ¿qué obtenemos si seguimos machacando al rival? la respuesta es sencilla, nada positivo. Por una parte estaremos mostrando a los deportistas una falsa sensación de ser superiores al resto, algo que se volverá en contra cuando se enfrenten a otros deportistas que tengan un nivel similar al suyo además de que tenderán a acomodarse si ven como algo habitual el superar a sus rivales con facilidad. Y por otra parte, en el aspecto formativo, estaremos obviando valores tan importantes como la empatía o el mismo respeto.
Llegados a este punto, os preguntaréis: entonces, ¿que debo hacer si mi equipo o deportista es mejor, dejarme ganar? Obviamente la respuesta es no. Pero podemos aprovechar nuestra superioridad para trabajar otros aspectos tácticos propios del deporte, en deportes con balón, por ejemplo, podemos reforzar el aspecto defensivo, el pase, la posesión, transiciones… Y en el plano formativo, podremos fomentar el trabajo del respeto, la empatía, la ayuda y muchos otros atributos. Preguntar a nuestros deportistas y hacerlos reflexionar sobre cómo se pueden sentir nuestros rivales en cada momento, es una opción que no deberíamos dejar pasar.
En definitiva, se trata de conceptos que contribuyen a nuestra obligación como formadores, que no debemos olvidar que es el de hacer mejores deportistas, y mejores personas.