La reflexión del experto: ¿Hasta dónde llega nuestra responsabilidad como formadores?

Álvaro Gutiérrez
¿Hasta dónde llega nuestra responsabilidad como formadores?

 

Esta sea posiblemente una pregunta compleja de responder, sin embargo, una vez conseguimos darle respuesta puede llegar a demostrarnos algo tan difícil de definir como es la vocación de los profesionales del deporte.

Para comenzar en la búsqueda de una respuesta, tal vez convendría empezar por plantearnos el porqué nos dedicamos al mundo del deporte y más concretamente al de la enseñanza a través del deporte (no podemos perder nunca esto de vista). Ante esta cuestión podremos encontrar multitud de respuestas, desde aquellas que nos llevan a plantearnos si realmente es un acierto el camino elegido, hasta esas otras que te dejan sin argumentos con los que tratar de abrir un debate. Hemos de ser conscientes de que nuestro trabajo empieza cuando el de los demás acaba; si has elegido el camino de formar a través del deporte para tener un horario fijo y de oficina, posiblemente sea el momento de dejar de leer y plantearte algunas decisiones.

Y es que con la dimensión y la importancia que ha cobrado el mundo del deporte en nuestra sociedad actual, es hora de derribar esas etiquetas añejas que tratan de restar relevancia o responsabilidad al trabajo de todas aquellas personas que se dedican a formar a través del deporte, “los del chándal, las de los juegos, los de las pelotitas, las que salen al patio a jugar…” ya que hacen un flaco favor a la verdadera responsabilidad que recae en todas esas personas que se ponen al frente de una actividad deportiva.

¿Es realmente el deporte un medio de educación y transmisión de valores?

Si nos basamos en la multitud de estudios con base científica realizados al respecto, podemos encontrar autores como Wandzilak (1985), Miller y Jarman (1988), Beller y Kay (1993), etc., que concluyeron que no solo no lo era, sino que los resultados obtenidos apuntaban totalmente lo contrario. Posteriormente se pudo concluir que los resultados obtenidos por dichos estudios contaban con ciertas carencias entre las que cabe destacar la falta de eficiencia de las herramientas evaluativas empleadas o lo que es más importante para el tema que nos ocupa: no existía una estructura organizada que garantizara la promoción de valores y, por el contrario, existía un desconocimiento por parte de los educadores sobre qué valores transmitir aunque todos coincidían en la importancia de la transmisión de valores. Esto último es un dato cuanto menos inquietante, que además persiste hoy en día entre muchos de los profesionales dedicados a la enseñanza a través del deporte. Todos sabemos que si lanzamos la pregunta: ¿consideras importante la transmisión de valores en el deporte? Aproximadamente el 99,9% de los encuestados responderán de manera afirmativa, pero qué ocurrirá si cambiamos la pregunta por otra no tan diferente como puede ser: ¿Cómo aseguras la transmisión de valores en tus clases/sesiones? Con las respuestas a esta pregunta posiblemente nos dé para debatir largo y tendido en otro artículo futuro.

Es entonces cuando los cimientos de todos aquellos que nos dedicamos a formar a través del deporte comienzan a mostrar cierta debilidad, es entonces cuando comprendemos que no solo vale con transmitir contenidos teóricos, técnicos o tácticos, cuando comprendemos que nuestro trabajo atraviesa la línea que marca la pista o el terreno de juego y que perdura en el tiempo mucho más allá del sonido del silbato o la campana.

Como dice Pedro J. Jiménez Martín en su Manual de estrategias de intervención en actividad física, deporte y valores: “Cuando un alumno llega a nuestras clases no sólo viene acompañado de su cuerpo, también trae sus sentimientos, sus problemas personales, sus actitudes y sus valores.” Por lo tanto, debemos plantearnos que nuestra intervención deberá estar diseñada y enfocada a repercutir en todos esos aspectos y no limitarnos única y exclusivamente al físico o a cubrir el tiempo que nos exige nuestro contrato.

Todas aquellas personas a las que nos apasiona el deporte y que llevamos desde jóvenes practicándolo de una forma u otra seguramente recordaremos a algún profesor o alguna entrenadora que de alguna manera nos influenció ya sea positiva o negativamente.

Pues bien, ya nos acercamos a dilucidar hasta dónde llega nuestra responsabilidad como formadores. Si analizamos todo lo que hemos ido exponiendo, podemos concluir que contamos con una herramienta extraordinariamente valiosa para trabajar ámbitos importantísimos en las personas como son la salud o los valores. Además, somos conscientes de que nuestra actuación sobre las personas con las que trabajamos puede llegar a ser recordada durante toda una vida, pudiendo incluso llegar a ser un referente, por lo tanto, es ahí donde debemos detenernos en el presente y analizar si estamos capacitados y actuando en consecuencia para asumir la responsabilidad de perdurar en las mentes de nuestros deportistas y alumnos porque fuimos capaces de hacerles vivir experiencias en nuestras clases que les marcaron más allá del aula o del terreno de juego.

Álvaro Gutiérrez Prieto
Coordinador del Programa PIVESPORT