La reflexión del experto: Activar un adecuado clima motivacional en un aula escolar

Juandi

Juandi López
Activar un adecuado clima motivacional en un aula escolar

“Demasiados estudiantes en todo el mundo están atrapados en un círculo vicioso de pobre rendimiento y desmotivación que sólo conduce a resultados aún peores y la desvinculación de la escuela” (Andres Schleicher, Informe PISA 2016).

Y los datos del informe PISA de los países de la OCDE son más alarmantes cuando asegura que en los países más desarrollados, uno de cada cuatro estudiantes termina por abandonar la educación. Está claro que algo en las aulas debe cambiar y que por tanto, debemos hacernos una pregunta reflexiva: ¿Qué pasos debo dar para poder conseguir un clima motivacional adecuado en mi grupo de alumnos?

Antes de comenzar, debemos conocer a qué nos referimos cuando hablamos de “clima motivacional” en el aula. Para ello, vamos a desmenuzar dicho término y vamos a ver qué significa cada cosa.

Motivación:

motivaccionComencemos por el significado de motivación. Dividamos, esta palabra en dos: “motiv” “ación”, ¿no os suena a “motivo” y acción”? Siguiendo el razonamiento, motivación no es más que tener un motivo para la acción. Toda persona “motivada” es porque tiene un objetivo claro por alcanzar.

Debemos hablar aquí de motivación intrínseca, que aparece cuando se realiza una tarea porque gusta y se disfruta con ella, y de motivación extrínseca, la cual se refiere a lo que se recibe a cambio de la actividad realizada, por ejemplo, una situación social, dinero, comida o cualquier otra forma de recompensa (siguiendo la definición anterior, sería el objetivo o la meta marcada).

Pero claro, de todos es sabido que la motivación extrínseca se acaba agotando en el momento que la intrínseca no existe o desaparece. Entonces, ¿cómo podemos potenciar que ambas vayan de la mano? ¿Cómo creamos ese clima motivacional? Ames y Archer (1988) defienden que el clima motivacional en el aula son los diferentes ambientes que crean los adultos más importantes para el niño (padres, profesores, etc.) en los entornos donde el alumno tenga oportunidad de éxito.

Clima motivacional:

Sobre clima motivacional también encontramos dos caminos para crearlo: 1. El orientado a la tarea, caracterizado por un ambiente donde el objetivo consiste en priorizar el proceso de realización de una actividad concreta por parte del alumno/a, es decir, que el chico/a realice adecuadamente la tarea sin dar especial importancia a un resultado matemático; 2. El orientado al ego, consistente en conseguir ese resultado matemático (una nota en clase) sin importar el proceso.

clima-equipo

Para diferenciarlo de forma más clara: obtener un 7 en conocimiento del medio entendiendo todos los conceptos y el porqué de los términos u obtener un 10 habiendo memorizado todo o incluso haciendo lo que solemos llamar como “chuletas”. Si el alumno se centra solo y exclusivamente en el resultado, habrá ocasiones que lo consiga y veces que no, pero lo más preocupante será que no va a saber el porqué de ese resultado y no podrá centrarse en resolver ese posible error que hace que no sea mejor o que no pueda conseguir el objetivo. Así pues, no tendrá un desarrollo de mejora estabilizado. Es decir, será un alumno irregular.

 

¿Qué pasos debo dar para poder conseguir un clima motivacional adecuado en mi grupo de alumnos?

Dicho esto, sólo nos queda repetir la pregunta del principio. Para cumplir con el objetivo que nos hemos planteado, debemos dar diez pasos estratégicos los cuales se irán explicando con detenimiento:

1.      Acordar normas de grupo:

NormasdeClase

Es  MUY IMPORTANTE dejar claro al inicio del curso (o cuanto antes) las reglas del grupo y que sean acordadas por todos, es decir, que sean los propios alumnos (guiados por el docente) los que definan las normas de la clase y que marquen consecuencias y/o recompensas en caso de que se cumplan o se incumplan dichas normas.

Si no se hace al principio puede darse el caso de que no realicen algo porque no saben que hay que hacerlo o que hagan algo que no queremos que hagan y ser injustos en la consecuencia establecida debido a la decisión improvisada del momento. El hecho de que ellos sean los que definan todo, siendo guiados por el profesor, no es más que hacerlos responsables de sus propias decisiones. Si el alumno crea sus propias normas, las defenderá a capa y espada, porque lo ha dicho él.

 

2.      Explicar los objetivos y fijar tiempos y expectativas:

Antes de empezar una sesión o un ejercicio los alumnos tienen que comprender para qué se realiza el ejercicio y qué se espera de ellos. Si tienen claro qué van a trabajar se centrarán en los factores clave de la actividad.

En cuanto a la gestión del tiempo, informando a los alumnos de cuánto tiempo se va a utilizar en el ejercicio podrán amoldarse a este e implicarse más en la tarea. De esta manera aprenden a saber dosificar sus esfuerzos si se trata de un ejercicio alargado en el tiempo, a intensificar la tarea si es un ejercicio con poco tiempo para conseguir un reto, etc.

 

3.      Variedad en las tareas y en los grupos:

Hay que realizar diferentes modelos de ejercicios para trabajar un mismo objetivo, pues la rutina y los ejercicios monótonos pueden llegar a desmotivar al alumno. Por ejemplo, la suma en matemáticas se puede aprender haciendo cuentas, pero es lo tradicional, ¿qué tal si las incorporamos a las acciones del día a día? ¿Y si les decimos a los alumnos que van a investigar sobre el cambio climático en vez de explicarles qué significa cada término para que se lo estudien de memoria?

En cuanto a la variedad grupal, cambiar los integrantes y el número de los grupos que se crean para hacer los ejercicios les servirá a los alumnos para adoptar diferentes roles dentro del mismo, conocer nuevos puntos de vista y, sobre todo, aprender a mantener un ritmo de trabajo en diferentes ambientes.

 

4.      Ejercicios que propongan retos para el niño:

reto

¡Ojo! hay que tener en cuenta una variable muy importante: este reto se debe ajustar a la habilidad de los alumnos. Si es muy fácil no mostrarán interés y no se esforzarán y si es muy difícil se frustrarán, porque no pueden superarlo. Se puede variar la dificultad del ejercicio cambiando el tiempo de logro, el número de objetivos, de compañeros, etc., o simplemente integrarla en una investigación.

 

5.      Proponer actividades cooperativas:

Donde los alumnos deban cooperar en equipo para alcanzar un fin. De esta forma, mejorar la cohesión del grupo, el esfuerzo en equipo y el aprendizaje a través de la creatividad, ayudará al discente a formarse de cara a las nuevas tendencias de trabajo grupal que existen en la vida real. Una variable puede ser que cooperen en pequeños grupos para crear proyectos relacionados con una temática de una asignatura en cuestión.

 

6.      Ejercicios de toma de decisiones para incrementar la implicación y la autonomía:

Planificar una serie de ejercicios en los que los alumnos, en ocasiones concretas, puedan decidir qué tipo de ejercicio hacer. Se les puede dar a elegir dos tipos de ejercicios para trabajar y que cada uno decida cuál practicar primero y cuál trabajar después en función del nivel de control que crea tener en ese tema. Después de un determinado tiempo, deberán cambiar de ejercicio para fomentar que todos practiquen de todo.

 

7.      Adaptar cada objetivo a las posibilidades de cada alumno:

Cada uno tiene un ritmo de aprendizaje distinto, no se les puede pedir a todos que aprendan lo mismo en el mismo tiempo. Por eso se debe dar un tiempo suficiente (semanas, meses, etc.) para la realización y consecución de los ejercicios/objetivos, con la intención de que todos puedan conseguir un aprendizaje adecuado.

 

8.      Que piense lo que hace:

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Una forma de implicar al alumno es la de preguntarle por qué ha fallado o acertado, de esta forma toma conciencia de cómo ha hecho el ejercicio y lo recordará mejor para la próxima vez.

 

9.      Ofrecer información relevante:

Cuando se ofrezca información al deportista de cómo ha realizado el ejercicio hay que darle información útil, de forma objetiva, fijándose en los fallos de la ejecución y no del resultado para que el deportista tenga conciencia de su fallo/acierto y aprenda a corregirlo o repetirlo. Pero, ¡ojo! debemos explicarle cómo se hace y NUNCA como NO se hace.

Para esto, se debe hacer de forma positiva, ¿conoces la técnica del sándwich? consiste en decirle algo que ha hecho bien en el ejercicio, después la información que se quiera corregirle sin añadir “pero” y finalmente resaltar alguna característica positiva que ya tenga el alumno.  De esta forma se le predispone a aceptar su error de forma positiva y volverá a intentarlo con buena actitud. Por ejemplo, en una clase de baloncesto en educación física: “Has hecho un esfuerzo increíble y dominas el bote a la perfección. Y ADEMÁS si levantas la cabeza para jugar con los compañeros, puedes mejorar más aún. ¡Vamos! que con lo veloz que eres podemos conseguir mejorar mucho”.

 

10.  Y por último, recompensar:

Hay que saber cuándo y cómo distribuirlas. De forma generalizada, es mejor dar recompensas positivas que negativas. Para ello, debemos seguir tres pasos:

a.       Mostrar un trato de igualdad: Hay que procurar no elogiar siempre a los mismos, y estar atentos con los que tengan menos aciertos para cuando los tengan, reconocérselo. ¡Busca más sobre el efecto Pigmalión! Conseguirás grandes cosas practicando esta técnica: pincha en este enlace para saber más sobre él: https://www.youtube.com/watch?v=XwMWSUJKHYQ

b.       Premiar la buena conducta vs castigar las malas actuaciones: Cuando se realice un ejercicio si se premia a los que lo han hecho bien, estos quedarán reforzados y quien lo haya hecho mal buscará la próxima vez el premio intentando hacerlo bien en vez de evitar hacerlo mal.

c.        Evitar recompensas materialistas: Dar motivos internos para seguir esforzándose, ya que es más fácil que lo haga que si se le dice que al final ganará una cosa material, porque no todos los alumnos quieren ganar esa cosa o no todos pueden aguantar la presión de ganar y si lo consiguen varias veces pueden perder el interés y pedir más y más, lo que se convertirá en un arma de doble filo: nos quedaremos sin recompensas viables.

 

Una vez visto estos pasos a seguir, se podría plantear la siguiente pregunta: ¿Estamos preparados los docentes para salir de nuestra zona de confort en el aula y dejar que los alumnos aprendan más y mejor con las nuevas técnicas de enseñanza que existen en la actualidad? ¿Queremos realmente invertir tiempo en modificar nuestras técnicas para mejorar el clima motivacional de nuestros discentes?

Citamos a César Bona para una última reflexión: “Escuchemos a los niños y niñas; tengamos en cuenta el factor humano antes que la medida de los conocimientos; recordemos que cada niño es un universo y que cuanto más difícil sea el niño, mayor ha de ser nuestro reto (y en la mayoría de los casos bastará ver que lo único que necesitan es cariño). Y nunca, nunca se puede medir con la misma vara: por mucho que no lo crean algunas personas, las emociones o la felicidad no se pueden calibrar y también hemos de educar para darles las herramientas para que las encuentren por sí solos. Ésa debería ser nuestra misión como maestros”.

 

Juandi López
Responsable de Formación y Comunicación PIVESPORT
Coach y Psicopedagogo deportivo