La reflexión del experto: Dopaje, consecuencias legales, sociales y deportivas

AlbertoGarrido

Alberto Garrido
Dopaje: consecuencias legales, sociales y deportivas

Además de las graves consecuencias sobre la salud tanto física como psicológica (hablaremos en otro artículo de todas ellas) el dopaje afecta a muchos más aspectos. Las consecuencias del dopaje son numerosas y abarcan varios aspectos tanto legales, sociales como deportivos.

Comencemos por los aspectos legales del dopaje.

Son sustancias prohibidas en casi la totalidad de los deportes (salvo el culturismo, donde son aceptadas sin reparo y forman parte ya del propio deporte y algún deporte más como el fútbol americano donde ni siquiera existen los controles antidoping).

El tráfico y el lucro con su venta es delito.

La gran mayoría de las sustancias se adquieren en un mercado negro ilegal y muy lucrativo donde muchos productos se fabrican en los llamados laboratorios “underground” instalados en países de Europa del Este, China, Paquistán… son fabricados sin ningún tipo de control sanitario y en condiciones higiénicas muy dudosas.

“Yo mismo empecé a doparme como una “elección personal” pero os aseguro que si llego a saber las consecuencias que sufriría no lo hubiera hecho”.

Al comprar estos medicamentos estamos fomentando y participando de ese mercado ilegal y haciendo millonarios a traficantes sin escrúpulos. Algunos de esos medicamentos se podrían adquirir en farmacias pero con receta médica, por lo que muchos médicos los prescriben a cambio de una buena contraprestación económica. Incluso, también existen farmacias y farmacéuticos que hacen negocio vendiéndolos a gente sana sin la correspondiente receta médica.

Por desgracia, las grandes mafias del narcotráfico están viendo en el tráfico de anabolizantes un negocio redondo. Los beneficios hoy en día son muy parecidos a los del tráfico de otras sustancias (cocaína, hachís, etc.), sin embargo, en caso de ser pillados, la legislación en este aspecto es bastante más laxa con lo que les compensa, ¡con suerte no entran ni en prisión! y si entran, no están más que unos pocos meses. Por lo que los propios traficantes, según palabras de la UCO de la guardia civil, “se ríen en nuestra cara constantemente”. Triste.

El dopaje también tiene consecuencias sociales.

Vivimos en una sociedad muy estructurada en la que nuestros actos tienen consecuencias sobre los actos de los demás.

Mucha gente que se dopa apela a la “libertad de elección” para hacerlo y al “no hago daño a nadie, es una elección personal”. Permitidme un matiz, os voy a poner un ejemplo sencillo: si vosotros os presentáis a las pruebas para bombero (pruebas físicas) y yo, que me he dopado, me presento, paso por delante de vosotros y consigo la plaza y vosotros no, ¿que os parece? ¿Estoy haciendo daño a alguien?

Yo mismo empecé a doparme como una “elección personal” pero os aseguro que si llego a saber las consecuencias que sufriría no lo hubiera hecho. Pues en el deporte de competición, donde hay dinero de becas y patrocinadores, es aún mucho peor. Que un atleta dopado se quede con el dinero de una beca por delante de otro que va limpio y quizás es mejor atleta que él… da que pensar, ¿no hace daño a nadie? Y es que doparse destruye la libre competencia, si los demás se dopan y tú no, es como ir en bici a una carrera de motos, ¿cierto?

También está la creencia social de que hay cosas peores que el dopaje, a lo que apelan constantemente la gente que se dopa. Esto os sonará: “Fumar o beber y muchas otras cosas son igual de malas y están permitidas”

Ese razonamiento “parece lógico” cuando la premisa es “cada uno hace lo que quiere”, lo cual es muy discutible además de incorrecto. Si así fuera, os pongo otro ejemplo: un ciclista podría ponerle un motorcito a la bici, como tampoco hace daño a nadie (ni a sí mismo)… ¿porque no está bien ? Porque ya no tendría sentido hablar de ciclismo (en todo caso de motociclismo) y porque sí hace daño, ¡hace daño al deporte!

Además, cuando hablamos de anabolizantes, estamos hablando de drogas ilegales sacadas del mercado negro (donde se mezcla tráfico de cocaína y otras sustancias) que termina casi siempre en las manos equivocadas, además de ser un mercado donde obviamente todo se factura sin impuestos. Por lo que encima de que no se está contribuyendo a los impuestos, cuando alguien que sufre las consecuencias del dopaje y tiene que ponerse a tratamiento físico y psicológico es atendido en la Seguridad Social, que pagamos todos.

Por otro lado, cuando compras tabaco o alcohol, pagas tus impuestos y además de fastidiarte la salud, se observa una foto bien clara de cuáles pueden ser las consecuencias. En el caso de los anabolizantes, todo lo contrario. La imagen que nos venden en las televisiones y en revistas de fitness es una imagen de vigor, hombres y mujeres guapos que se te agarran a las piernas, hombros como melones, brazos como cañones, éxito asegurado…

CUIDADO: Comparar un comportamiento idiota (fumar o beber) para justificar otro comportamiento idiota, no nos vuelve más inteligentes… sino simplemente un poco menos idiotas.
“No existe una concienciación social del problema del dopaje que hoy en día es un problema de salud pública”.

Quizás porque sean drogas que no se consiguen en una discoteca  a las 4 de la mañana y que encima la gente que las consume tiene un aspecto físico aparentemente sano, aunque por dentro estén enfermos. Está claro que eso no ayuda a una concienciación de lo peligrosas que son. Unido al “síndrome de Estocolmo” que tenemos en nuestra sociedad con los deportistas a los que han pillado con un positivo. Nos da igual, los justificamos “es que es tan bueno…”. Ya, pero es que se ha dopado… Justificamos a nuestros deportistas ante cualquier situación.

Atletas que han dado positivo vuelven a ser seleccionados para representar a nuestro país en campeonatos del mundo. Atletas que, ni lo han reconocido, ni se han arrepentido. Triste, sobre todo para los que van limpios, tiene que ser frustrante. Mientras en este país sigamos con la cultura del “hay que ganar incluso en el último minuto de penalti injusto” mal vamos…

Y en cuanto a las consecuencias deportivas son claras y contundentes

El deportista se ve afectado desde un doble punto de vista:

1. Las sanciones deportivas y económicas que puede sufrir en caso de verse implicado en consumo de sustancias prohibidas, dopaje en definitiva.
2. El desprestigio personal que supone verse implicado en un tema de dopaje.

A esto hay que unirle la pérdida de patrocinadores y el hecho de quedar marcado y manchado de por vida, por lo que puede verse afectado también el que después de cumplir la sanción, otro equipo te quiera fichar, como ha ocurrido en casos de ciclistas que dieron positivo.

El dopaje funciona y mucho y está demostrado que son necesarios al menos 6 o 7 años para que un atleta dopado no se beneficie en un futuro de la resistencia, fuerza, masa muscular y velocidad que el doping le ha dado durante años. Es más, yo mismo que actualmente peso 65 kg, después de llegar a casi 100 kg mantengo una masa muscular después de 5 años sin doparme y una calidad muscular que no tenía ni de broma cuando empecé a doparme. Mucha gente que me ve piensa que sigo entrenando con pesas intensamente todos los días porque evidentemente algo queda.

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¿Qué hacemos entonces? ¿Sanciones de por vida? Sanciones de al menos 5 años? Ahí lo dejo como reflexión.

 

Alberto Garrido
Exculturista y exadicto a sustancias dopantes
Colaborador AEPSAD