Hoy entrevistamos a: Ángel Andrés Jiménez

Estamos con un arbitro que en el año 2007 decidió cambiar la forma de arbitrar y luchar por educar en el terreno de juego. A raíz de ahí se le conoció como el “árbitro de la paz” y no cesa en su trabajo por conseguir su objetivo: un fútbol y un deporte en general donde reine la cordialidad, la honestidad y el buen ambiente.
Ágel Andrés Jiménez Bonillo posando con una de sus camisetas

Ángel Andrés Jiménez, más conocido como el árbitro de la paz, es profesor de secundaria y bachillerato en el Colegio Maravillas que empezó a arbitrar en 1994 y cortó su trayectoria como árbitro en 2002, pero su pasión por el deporte y sus ganas de arbitrar le hizo volver en 2006 y disfrutar de su silbato hasta 2013.AngelAndresJimenez

Ángel se define como “buena gente” (dice entre risas), comenta que le gusta aspirar a mejorar entendiendo que todas las personas comenten errores y se equivocan: “eso forma parte de la vida y es lo que en definitiva te hace crecer, para mí, eso es lo más importante ya que entiendo que es la mejor forma de vivir la vida, una forma de vivir plena”.

Esta gran persona y gran árbitro nos cuenta que con el paso del tiempo, a la vez que iba creciendo en el arbitraje, había ido creciendo como persona: “uno va cambiando como persona y al final lo llevas al arbitraje. Un día una persona me insultó durante un partido y me dirigí hacia él. Le dije que podía expresar su malestar por un error de un jugador o expresar que no estaba de acuerdo con una decisión mía, pero que no le iba a permitir que insultase a nadie. Él me contestó que había pagado la entrada y que tenía derecho a decir lo que le diese la gana a lo que yo le contesté que de seguir así, yo no pitaría más el partido”.

Este suceso le hizo reflexionar y nos comenta que fue a raíz de ahí cuando empezó a construir su propia forma de arbitrar y de luchar por una educación en el deporte.

Nos explica que su método es muy sencillo: “antes de empezar el partido me reunía con los entrenadores y los delegados de ambos equipos para decirles que esperaba que se lo pasaran bien y que para ello debía haber respeto”. Además, hacía hincapié en que comprendiesen que los errores son humanos: “yo les comentaba que esperaba que entendiesen que al igual que ellos se equivocan yo también me iba a equivocar. Yo les decía que iba a intentar de que no fuese así, pero que era irremediable, porque todos somos personas y nos equivocamos”.  También hablaba con ellos sobre la actitud de la grada y avisaba de que no iba a tolerar insultos o signos de violencia de alguno de los implicados (jugadores, entrenadores y grada). De lo contrario, no dejaría que se disputase el partido en cuestión.

Como forma de apoyo a esta labor, siempre sacaba mensajes con alguna camiseta o pancarta donde se podían leer la palabra “Respeto” o la pregunta “¿insultarías a tu hijo?”.

Ángel con el mensaje “¿insultarías a tu hijo?”

Este tipo de acciones, nos relata, hacía que la gente al principio lo viese con sorpresa, “¡incluso algunos me veían como a un loco!” explica mientras muestra su incredulidad ante estas situaciones. Pero también nos dice que luego, “en general, había más actitud de agrado y de comprensión que de lo contrario”. Y es que, como bien dice él: “las personas, ante la posibilidad de algún cambio, de algo nuevo, muestran rechazo y sorpresa al principio, pero luego piensan y ven que es lo mejor para todos”.

Hablando con él sobre fútbol, nos relata que ahora cree que ha habido alguna mejora: “Ahora por lo menos se debate si las cosas se están haciendo bien o mal, antes no existía eso. Ahora hay mucha gente de clubes pequeños que quieren que el cambio exista pero todavía queda mucho por hacer”

Al hilo de este tema, Ángel cree que se necesita más apoyo de los medios de comunicación: “se debe denunciar lo denunciable, pero también alabar lo bien hecho” expresa. Y añade que “los clubes modestos, que son la gran mayoría, y que no están por ganar dinero sino por educar a los niños, son los que más deben hacer. Los grandes clubes, pueden aportar también, pero en los clubes pequeños debería haber una apuesta firme y rotunda por la educación en valores”. Pero claro, Ángel no se olvida de las altas esferas: “y luego, a nivel de federaciones, se debe potenciar la educación en el deporte con iniciativas como charlas en los colegios, premiar iniciativas de deportividad, sanciones para los que no se comportan como deben… Es decir, dar más importancia a lo educativo que a lo económico”.

Ángel Andrés Jiménez, que durante toda la entrevista se muestra ilusionado por la mejora educativa en el deporte, no pierde la ocasión para reflexionar con lo siguiente: “Pensemos en la realidad que tenemos ahora mismo y en si verdaderamente es lo que queremos para nuestros hijos o no. Si vemos que hay algo que mejorar, ¿por qué quedarnos ahí parados? todos tenemos una gran función en la educación de nuestros pequeños y debemos ponernos en marcha para mejorar ese ambiente”.

Y así es, señor Ángel, en la educación de los jóvenes deportistas todos tenemos una función que, aunque nos parezca mínima, su repercusión en el futuro puede ser inmensa.

PIVESPORT quiere agradecer que gente como tú esté luchando por que programas que trabajen los valores, como el nuestro, se vean cada vez más entre los clubes de nuestro deporte.

¡Muchas gracias!