La Reflexión del Experto: Alberto Garrido II

AlbertoGarrido

Mi experiencia personal con el dopaje: Parte II

Como os iba contando la semana pasada, el llevar tanto tiempo ciclándome sin descansar hizo que mis órganos vitales se resintieran. Empecé a tener problemas de salud y a hacerme adicto a las sustancias.

Uno de los problemas más comunes es el insomnio, lo que a la postre me llevó a otra adicción: las pastillas para dormir. Este problema aparece sobre todo cuando utilizas productos para perder grasa como el clembuterol, la efedrina o las hormonas tiroideas. Tu cuerpo se convierte en un horno quema grasas y se te acelera tanto el metabolismo que tus pulsaciones en reposo están cerca de las 90 y claro, ¿quién es capaz de dormir con 90 pulsaciones en reposo?

Pero todo está preparado y el mismo camello que te vende los esteroides también te vende orfidales y trankimazines que empiezas a tomar sin control porque es lo único con lo que puedes dormir y poder ir a trabajar. Pero sobre todo, te permite ir a entrenar el día siguiente, es lo que más me importaba en ese momento.

¿Recordáis lo que os contaba sobre que me pinchaba 3 o 4 veces al día? Al hilo de esto y también a que muchos productos del mercado negro vienen en estado lamentable, mis músculos no eran capaces de drenar tanto líquido y sufrí bastantes efectos secundarios. Por ejemplo, se me creaban abscesos de pus al enquistarse la droga en el músculo e infectarse. Aún tengo cicatrices en los dos muslos, gemelos y hombros. El más grave que os quiero relatar me paso en el muslo izquierdo, me tuvieron que sacar 1 litro de pus en el quirófano y yo lo único en lo que pensaba era en el siguiente ciclo que iba a hacer para recuperar el músculo que estaba perdiendo mientras me recuperaba en la camilla de aquel hospital.

Como podéis observar, entré en una espiral demasiado peligrosa, me pasaba el día esquivando llamadas de los bancos que me reclaman decenas de recibos impagados, mintiendo, mi rendimiento en el trabajo disminuía considerablemente, empiezo a llegar tarde al quedarme dormido por culpa de los somníferos para dormir… Tengo muchos problemas pero aun así continuo ciclándome sin parar.

El final de mi historia con las sustancias dopantes

Todo continua igual durante 13 años más, hasta que un día llega un poco mi final, entro en un hospital con una insuficiencia renal grabe, a punto de morir. La cosa cambió: la cara de los médicos, de las enfermeras, las de tus padres llorando… eso fue el detonante para darme cuenta de que estaba enfermo.

La vigorexia es un trastorno muy moderno y todavía no se han desarrollado los protocolos adecuados por lo que no hay centros de desintoxicación como puede haber de la anorexia o bulimia con lo que me tocó curarme en casa con el apoyo de mis padres, psicólogos, psiquiatras, endocrino y mi médico de cabecera, a los que les estoy muy agradecidos porque sin su ayuda nunca me hubiese recuperado.

Mi proceso de recuperación

Ahora, tenía dos frentes por delante, curarme psicológicamente y físicamente.

  1. La parte física: después de estar un total de 20 años consumiendo estas sustancias (13 de ellos sin descansar), tenía que intentar recuperar mi organismo y no sabía si sería capaz de hacerlo. Daos cuenta de lo que os contaba antes, mi cuerpo llevaba muchos años sin producir testosterona de forma natural y ahora tampoco la iba a recibir de fuera. ¿Cuánto tiempo me iba a tocar estar en un eterno post-ciclo sin testosterona? Y lo que es peor, ¿cómo es la vida de un hombre sin su principal hormona? Pues lo descubrí muy pronto.
    Poco a poco los valores del hígado y riñón se van recuperando y aunque por supuesto el daño ya está hecho, al menos la cosa se normaliza, aunque no del todo, mis hormonas sexuales se quedan bloqueadas, durante casi 4 años y mi testosterona se bloquea. Ya podéis imaginar la pesadilla: depresión, cansancio, desmotivación… Todo eso unido al efecto rebote de las hormonas tiroideas que hacían que mi cuerpo engordase y acumulase kilos de grasa, también unimos mi adicción a las pastillas para poder dormir que os comentaba antes. Un psiquiatra me receta medicación para ir poco a poco sustituyendo unos ansiolíticos por otros y poder dejarlas ya que yo las ciclaba como las demás drogas y os aseguro que son drogas muy potentes y difíciles dejar. Todavía hoy, aunque ya he conseguido dejarlos, tengo mis noches de insomnio, 4 años después mi cuerpo a veces los echa de menos.

    Alberto Garrido en su etapa post-dopaje.

    Seguidamente, empiezo a sufrir cólicos nefríticos por piedras en el riñón. A la par, mi cuerpo se transformo y en 1 año ya había perdido toda la masa muscular que tenía y había ganado una gran cantidad de grasa y lógicamente me daba asco, odiaba mirarme al espejo, ya no me depilaba ni me daba rayos V, ahí entra la parte psicológica de este problema, lo que muy poca gente sabe.
    También mis tendones y ligamentos empezaban a resentir, 20 años de entrenamientos brutales a veces dobles sesiones diarias durante 7 días a la semana con grandes kilajes pasan factura. Me diagnostican una hernia discal, rotura en el labrum de la cadera, problemas en el cuello, en los tobillos, las rodillas… todo debido a que no me daba cuenta de todo el esfuerzo que estaba haciendo cuando estaba ciclándome.

  2. La parte psicológica: Si cuando era culturista y estaba una semana con gripe sin poder entrenar se me venía el mundo encima y me ponía frenético porque estaba perdiendo músculo imaginaos psicológicamente cómo iba a soportar ahora perderlo todo en tan poco tiempo.

Estuve unos 8 meses de baja laboral, pero llegó un momento en el que la mutua me preguntó sobre qué tipo de motivo era ese de la adicción a los anabolizantes. Me mandaron a trabajar de nuevo.

¿Qué vida es esa? Mi vida no tenía nada positivo, iba de la oficina a mi casa y vuelta y los fines de semana no tenía ganas de nada, me quedaba días enteros arrepintiéndome de todo lo que había hecho. Cuando te pasas 2 años así os aseguro que es muy duro y aprendes muchas cosas, yo me lo planteaba como si estuviese en prisión.

Al vivir en casa de mis padres y al estar trabajando, al menos podía ahorrar el sueldo íntegro que dedicaba a reponer mes a mes esas deudas que tenía con los bancos, amigos, camellos y que habían llegado a 60.000 euros con intereses de demora acumulados.

Estuve en esta situación dos años prácticamente sin ninguna mejoría, con una vida deprimente. A partir del segundo año, mis hormonas tiroideas me dan una tregua y se normalizan y me empiezo a encontrar mejor, algo más animado, coincidiendo con esto, la espalda también me da un pequeño respiro gracias a la intervención de un neurocirujano, empiezo a caminar. Al empezar a moverme, dejo de engordar y mi cuerpo se normaliza un poco y eso me tranquiliza.

Poco a poco me veo que empiezo a correr y me gusta, después de pasarme metido 20 años en un gimnasio descubro el deporte al aire libre ¡y eso me encanta! Vuelvo a segregar endorfinas propias del deporte y eso me ayuda con todo.

Mi lanzamiento a mi nueva vida

De repente llega un día que lo cambia todo, ¡lo que es la vida! Recuerdo que un lunes fui a recoger mis analíticas y veo que mi testosterona ha aumentado hasta estar rozando los límites normales. 3 años y medio después no me lo podía creer, ¡me puse a llorar como un niño!

Mi vida ya era un poco más normal, aunque mis padres y mi psiquiatra no bajaban la guardia, al menos sentía un poco más de confianza y libertad, ¿estaba empezando a revivir?

Un día bajo al campo de rugby a ver un partido de liga del equipo de mi ciudad y me encuentro de entrenador a un gran amigo mío que jugó conmigo, Fran Usero.

RugbyAlbertoGarrido

Equipo de Rugby de Ferrol donde actualmente ayuda Alberto.

Es bonito reencontrarte con gente a la que aprecias, además daba la casualidad que en mi época de dopado cuando pasaba algún fin de semana por Ferrol lo veía y a veces habíamos hablado, el lógicamente me había visto ya con casi 100 kg de musculo y al verme ahora sin nada y demacrado me pregunto qué había pasado y se lo conté todo, se quedó sobrecogido y me pidió que le echase una mano en el equipo, que eran una gran familia y que me vendría bien conocer gente sana nueva y empezar a buscar un hobby. El rugby que yo había abandonado para ponerme grande fue lo que me permitió recuperar mi vida social.

Pero al día siguiente estaba en el trabajo y me llama mi madre: “Alberto, acaban de estar dos Guardia Civiles que vienen de Madrid y que quieren hablar contigo urgente, es muy importante”. ¡No podía ser! ¿Es que esto no iba a terminarse nunca?

Y de repente ahí mi vida pega un giro de 180 grados. Son dos agentes de la UCO, de la guardia civil que me toman declaración, desde el principio me dicen. Yo estaba asustado pero tampoco tenía nada que esconder ni ocultar.

Básicamente querían saber por qué mi nombre aparece en todas las operaciones de tráfico de anabolizantes de España, que quién era yo. Si no era vendedor, ¿cómo podía ser que mi nombre estuviera en todas las listas? ¿cómo podía comprar tantas cosas tan seguidas? Me sentí bien acogido y encima me tranquilizaron diciéndome que no me iba a pasar nada.

Les conté todo, les conté mi vida como os la acabado de contar a vosotros, les conté cómo funcionaba el mercado negro, cómo los traficantes mandan las cosas y cómo se les paga la mercancía, los trucos que hay para evitar que te pillen, les hable de las redes que hay por la zona de Valencia, Madrid, Andalucía… les conté el mercado portugués que abastecía de aquella aparte de Galicia, pero también les conté. Yo  a veces les miraba y sus caras lo decían todo, el sargento escribía todo en un portátil que tenía y la agente me miraba con los ojos como platos. No daban crédito al nivel de experto en el tema en el que yo había llegado.

Me despido de ellos y sigo mi vida, que empezaba a recuperarse. Al día siguiente recibo una nueva llamada del sargento que me dice que mi declaración ha llegado a la comandancia de la guardia civil de la UCO y  que quieren que vaya un día a su cuartel a Madrid y repetir esta declaración pero delante de la unidad que de investigación, para que les sirviese de formación”. Y yo les digo que sí, pero a los 3 días me vuelve a llamar

Titular en uno de los periódicos nacionales.

y me dice: “Alberto, no te lo vas a creer, tu declaración ha llegado a las altas instancias de la Agencia Española contra el Dopaje y te quieren proponer lo siguiente una entrevista en un diario nacional y un pequeño reportaje para TVE contando tu historia”. ¡Me había convertido en una referencia antidopaje! Con todas las posibles consecuencias negativas que me podría traer delatar a tanta gente, pero dije que sí, quería intentar ayudar a la gente para que no se metiera donde yo estuve.

 

Llamadas, WhatsApps, reportaje en Informe Robinson… todo eso me ocurrió en este tiempo. Y también me llama Enrique Gómez Bastida, el entonces director de la AEPSAD (Agencia Española de Protección de la Salud en el Deporte) para ofrecerme colaborar con ellos contando mi historia en universidades y congresos, un verdadero orgullo.

¿Quién me lo iba a decir a mí un 9 de junio del 2012 cuando casi entro en una caja de pino en el hospital? Todo sea por fomentar el deporte limpio y la lucha contra el dopaje!

La actualidad

Hoy en día me encuentro con mi organismo recuperado, aunque el daño ya está hecho, mi testosterona y sistema hormonal recuperado, dejé mi adicción a los ansiolíticos y a las drogas de deporte. Hace un tiempo terminé de pagar todas mis deudas, me recupere económicamente. He vuelto a hacer deporte de forma sana y disfrutarlo y con una gran madurez y experiencia adquirida.

También es verdad que no volveré a recuperar cosas como el bienestar de mi espalda y mi cadera, seguiré conviviendo con mis cólicos de riñón y mis noches de insomnio, así como los problemas futuros que me pueda deparar.

Pero hay algo que nunca recuperare y que para mí es muy importante: El tiempo, ¡sobre todo el tiempo!

Ponencia de Alberto Garrido colaborando con AEPSAD.

Y ya, para terminar, os digo que un día la vida me golpeó tan fuerte que me enseño a resistir. Un día me mintieron de tal forma que me dolió y entonces aprendí a ir siempre de frente con la verdad. Un día me falló quien menos imaginaba y aprendí que las palabras hay que cumplirlas y de los actos hay que hacerse cargo.

A veces es bueno darle la vuelta a la página y empezar de cero. AUNQUE CUESTE O DUELA. El mejor guerrero no es siempre el que triunfa sino el que vuelve sin miedo a la batalla.

Haced deporte, pero no os hagáis daño con él: ¡Disfrutadlo de una manera sana y saludable!

Alberto Garrido

Exculturista y exadicto a sustancias dopantes