“No me grites”, que no funciona

Fuente: Isabel Serrano Rosa – Zen: vida sana, cuerpo, mente y bienestar | EL MUNDO

El cerebro humano es un órgano bien organizado, las emociones positivas y las negativas se distribuyen en hemisferios diferentes. Si pone la palma de su mano en la zona izquierda de su frente estará sobre la parte implicada en las emociones positivas, como la alegría o el amor, afectos que nos impulsan a mantener acercamiento. Si coloca su mano en la parte derecha se habrá situado sobre el área destinada a las emociones negativas, como el miedo o la tristeza, sentimientos que favorecen las conductas de retirada o de evitación. Este orden emocional cerebral es válido para todos los sentimientos, con una única excepción: la ira. Cuando estamos enfadados activamos la parte izquierda del cerebro buscando el acercamiento hacia el otro; es una tendencia natural que persigue intimidar al que nos fastidia. Para eso sirve el grito: para secuestrar la atención aprovechando la confusión que produce su estruendo.

Pueden comprobarlo: gritan los niños buscando a sus padres y los padres para reprender a sus hijos. Gritan los que necesitan marcar la jerarquía esperando la obediencia del ‘¡señor, sí, señor!’ Los que todo lo saben o los que no tienen más argumentos para conseguir audiencia. Los narcisistas a los que les gusta descalificar para sentirse estupendos o aquellos que se sienten impotentes cuando alguien nos saca de quicio. Se grita porque es un recurso fácil -no hay que ser muy listo para hacerlo- que consigue su objetivo: llamar la atención, acercarnos a través del enfado para después marcar la distancia. Curiosa paradoja.

AGRESIVOS VERBALES


El que grita nos busca para atacarnos con su arma de combate: la palabra
. En general, produce temor como cuando éramos niños y nos gritaban nuestros padres; ofende y dan ganas de pagar con la misma moneda; confunde porque nos quedamos esperando a ver qué humor tendrá hoy Don Airado e incluso hace dudar de uno mismo, ¿qué habré hecho mal yo?

Si el gritón quiere buscarle, la solución es que no le encuentre. Lo mejor es salir de su terreno de juego, pero muchas veces no se puede hacer desaparecer a esa persona de su vida. Por ello, se ha de controlar la respuesta ante sus gritos. Si él espera que haga X entonces ha de hacer Y. Si su intención es intimidarle, entonces la respuesta será ‘no te tengo miedo‘. Estas son algunas indicaciones:

  1. Escuche sin interrumpir. Significa no reaccionar ante las palabras hostiles pero no alargue inútilmente una conversación que no va a ninguna parte. Mientras escucha, si no está de acuerdo, podrá repetir en silencio ¡eso es una verdad para ti, no para mí!
  2. Tome tiempo para enfriar. Bajo los efectos del enfado no se puede pensar bien. Respire y haga que su estado de ánimo se estabilice. Contar hasta 100 funciona. Valore si la relación con esa persona merece la pena como para hablar con ella o es mejor dejarla estar.
  3. No refuerce su actitud con más enfado. Si no obtiene su respuesta, el gritón sentirá que su conducta no le funciona. Utilice técnicas de comunicación asertiva: 1) explíquele la situación concreta que le molesta; 2) afirme que no le gusta que le griten y que prefiere hablar; 3) pídale con voz serena cuál es el tono en el que usted de verdad le puede escuchar; 4) autoafírmese diciendo que simplemente no permitirá que le grite. 5) Evite posiciones sumisas, como decir mucho ¡lo siento!, intentar caerle bien o dar demasiadas explicaciones.
  4. No se enganche a su diálogo interno de hostilidad. Muchas veces, entramos en un bucle mental pensando una y otra vez en el enfado. Pare. Imagine a esa persona alejándose por un camino hasta que desaparece en el horizonte. Mientras lo visualiza, repítase: ¡Te deseo lo mejor! Haga el deporte o realice actividades de ocio para descargar la tensión.

SI EL QUE GRITA ES USTED

Recuerde que la ira deteriora su salud. La personalidad tipo A, que tiende a reaccionar, enfadarse y chillar, tiene más riesgo de sufrir problemas cardíacos, respiratorios o de alta tensión porque la ira aumenta el ritmo cardíaco y la tensión arterial, la testosterona -hormona de la conducta agresiva- y baja el cortisol, respuesta ante el estrés. Contener su ira tampoco es positivo, por lo que mejor cambie los pensamientos que la aumentan: 1) no dramatice, relativice; 2) cambie los ‘ellos deberían’ por ‘me gustaría que ellos’; 3) no ponga etiquetas negativas, tipo ‘eres un…’; diga, ‘te comportas…’; 4) no lea la mente, espere a que el otro le dé su versión y escúchela.

Estamos en el periodo del año de los buenos propósitos, use palabras amables y piense en el gimnasio, una buena nutrición y buen rollo. Se convertirá en una persona ZEN.

 

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