Los niños nos pueden dar las mejores lecciones

Los libros de autoayuda e instrucciones para educar a nuestros niños están casi tan de moda como la barba “hipster” de los jóvenes de hoy en día. Pero no nos damos cuenta de que el mejor libro para educar a nuestro joven deportista lo tenemos delante de nosotros todos los días.

Cada vez que entras a una librería, encuentras miles de libros que te enseñan sus técnicas para ser feliz, para disfrutar y para buscar el control perfecto de las emociones que haga que podamos pasar unos grandes momentos con nuestros hijos pero resulta que, debido a nuestra cada vez más ajetreada agenda, no tenemos tiempo de leernos esos 7 hábitos, ese camino a la felicidad o esos entrenamiento para la vida al completo.

Cuando iniciamos un libro de este estilo, lo comenzamos con enorme fuerza, con gran determinación, convencidos de que nos va a ayudar a encontrar lo que buscamos. La única diferencia que se encuentra con el paso del tiempo es que esa motivación inicial se va diluyendo, nos damos cuenta de que con tantas tareas para hacer en el trabajo, en casa, con los niños… no nos podemos sentar un rato a leer de forma plena y el único hueco que encontramos es cuando nos vamos a la cama y… ¡ay amigo! a esas horas estamos ya reventados y no nos cunde la lectura.

Fruto de esta sensación, la de no conseguir dar con la tecla, nació nuestra pasión por educar en el deporte. Descubrimos que inculcando valores como el respeto, el esfuerzo, la autonomía o el liderazgo, todo de forma progresiva y estructurada en niveles, podíamos conseguir grandes avances no solo en la felicidad de nuestros jóvenes deportistas, sino también en nuestros técnicos, profesores y familias que lo trabajaban. Ya lo hacía Hellison en Chicago y más cerquita, Fede Carreres en Alicante. ¿Por qué no podíamos hacerlo nosotros?

Y así comenzamos. Hoy día, tras un largo camino ya recorrido, hemos descubierto que para aprender a ser felices debemos darnos cuenta de que estamos rodeados de ejemplos vivientes, de personas que han conseguido con éxito ser feliz todos y cada uno de los días. Efectivamente, los niños pequeños son desordenados, ruidosos, gritan y no saben limpiarse solos. Pero también son monstruosamente felices. Pues si son tan felices, ¿cómo lo hacen?, ¿qué buscan cuando se apuntan a un deporte (por ejemplo)?

¡Hablando de deporte!, ya sabemos lo que a nosotros los adultos nos ocurre cuando los vemos jugar: “Solo quiero lo mejor para mi hijo/a” nos dicen muchos de los padres con los que hablamos. “A veces tengo que decirle cosas desde la grada para que dé el máximo porque si no, se duerme”, nos comentan otros. Pero, ¿realmente nos acordamos de todas esas autoinstrucciones que pretendemos aprender de los libros que leemos?  Ya os respondemos nosotros: por supuesto que no, no nos acordamos. Y es normal, lo lógico es que cuando leemos algo, si no lo ponemos en práctica en los momentos próximos a la lectura, se nos vaya de la memoria de trabajo y se nos quede por ahí guardado y perdido en ese inmenso almacén de información que es nuestra memoria a largo plazo.

 

Bueno, ¿y qué hacemos para conseguir ser felices?, ¿qué podemos hacer para disfrutar al 100% de nuestros hijos cuando ellos compiten?, os preguntaréis vosotros. ¡Muy sencillo! Debemos escuchar a la persona más feliz que existe en vuestra casa. Exacto, ya veo que sabes por donde vamos… ¡Escucha a tu hijo/a!

Con esto no estamos diciendo que no haga falta leer libros ni artículos relacionados con el tema. Rotundamente sí. Hay que leer, informarse, estar a la vanguardia de todos estos temas, pero debemos poner en práctica lo que leemos y para ello, no hay mejor manera que escuchar a esos pequeños sabios que tenemos en casa.

Para iniciar esta propuesta, os dejamos un vídeo con unas instrucciones para disfrutar de la competición deportiva de los niños. No, tranquilos, no las damos nosotros. Hemos preferido aprender de los pequeños pero grandes sabios: los niños.